lunes, diciembre 25, 2006

Hagan sus apuestas..

Sé que tengo miedo, que tengo verdadero pavor a drogas de origen desconocido que pueden provocar estados hiposódicos severos.

Es posible que mi cuerpo no tolere ya esto o quizás que -como el perro de Pavlov- la sola mención a este tipo de sustancias me cree un estado de ansiedad insoportable.

Es posible, probable y desde luego, justificable.

Pero esto no tiene nada que ver contigo sino conmigo: Por qué hago esto y por qué soy como soy y lo que pienso, aquí y ahora, un día de Navidad a las 4 de la tarde.

Yo también tengo miedo, no soy la castigadora acorazada que va por la vida perdonando vidas a duros machos a cambio de obtener un suspiro o un beso empañado. No acostumbro a meterme en camisas de diecisiete varas salvo que algo me diga que puede merecer la pena, y al contrario de lo que cabría esperar, mi apuesta es progresiva: Sigo metiendo fichas en la gigantesca partida de black-jack aún a riesgo de perder hasta la camisa.

La diferencia entre los dos no es que tú creas en que esto llegue a buen puerto y yo no.

Yo no dejo de creer ni no creer, busco tanto como tú el Jackpot, hacer saltar la banca big time, el alineamiento imposible de cuerpos celestes (así es en verdad de difícil) que te lleva a una persona con la que quieres algo más que juegos eróticos y charlas de medianoche.

La partida puede constar de mil jugadas, yo quiero abandonarla en la jugada número diecisiete.

Tú quieres jugar hasta la setecientoscincuentaycuatro antes de plantearte ni si quiera un "give up". Esta es la diferencia y no otra, lo demás ya lo he vivido antes, en otro momento, pero lo mismo.

Al final el miedo a tener miedo fue más fuerte que el propio miedo a la caida. Otra partida abandonada y otros dos clientes más para el Match .

Por lo demás puedo tener una determinación sorprendente, mi lado oscuro más "go for broke" puede llevarme a hacer las mayores locuras jamás pensadas por mi otra yo, la niña que cree que todo está bajo control. Nada más lejos de la realidad y a los hechos me remito.

Solo sé que si desaparezco te voy a echar tanto de menos que es posible que el miedo a no poder soportarlo sea superior al hecho en sí de echarte de menos.

Hay TANTAS cosas que me gustaría hacer contigo....